Dejando una vida atrás
El frio suelo cubierto de agua salina, el movimiento constante del barco y el dolor de la herida de su pierna distraian a Lilia de pensar en todo lo que había pasado para que se encontrase en esta situación. Hacia ya dos meses que los piratas habían atacado su barco y la habían encerrado tras matar a varies de sus compañeres y quedarse con la mercancia que llevaban, contrabando incluido.
No pensaba en su madre, la que le llevó a esta vida llena de miseria y desgracias, provocadas por ella y ejercidas contra ella. Tampoco en la noche en la que ella misma había acabado con su vida clavandole una daga en su cuello, aunque eso no la hubiera liberado de sus cadenas.
Su padre hace tiempo que no pensaba en el ya que les abandonó cuando Lilia era solo una niña.
Tampoco pensaba de su hija, Aurora, la cual tuvo que abandonar junto a su exnovia, Beatrice, cuando esta descubrió en que trabajaba. Ni en cuanto la echaba de menos.
Ni en los largos días y noches navegando en alta mar para llevar su contrabando camuflandolo entre la mercancia habitual de su navio.
Su jefe, el capitán Agostinho, el que tanto la había maltratado, había huido durante el asedio aunque ella hubiera deseado que hubiera muerto también, pero no estaba pensando en eso.
En lo que pensaba en ese momento era en su plan. Había conseguido, con mucho esfuerzo un par de trozos de metal y un cuchillo. Con el cuchillo había cortado tiras de madera de las paredes del barco cuando sus captores estaban distraidos o durmiendo y habia reunido suficientes como para, con algo de suerte, crear un fuego lo suficientemente potente como para quemar la puerta de madera que la separaba del resto del barco.
Su intención era escapar o morir en el intento. No sería fácil con su pierna herida en la batalla en la que atracaron su barco.
Tras unos minutos el fuego se hizo lo suficientemente fuerte. Y pudo tirarse contra la puerta abriendola, rapidamente ensarto su cuchillo en el guardia que había empujado con la puerta antes de que pudiera gritar y se dirijió hacia la cubierta.
Lilia se despertó escupiendo agua salada, estaba en la orilla y pudo ver el barco ardiendo del que había escapado. Esta era la oportunidad que había esperado. Se dirigió sin rumbo hacia el interior y tras dos días comiendo hierba y apenas sin agua llegó a una iglesia Pirohunista, agotada y medio moribunda. Ahí le ayudaron y decidió adoptar su fe y juró redimirse de sus errores buscando un grupo de aventureros a los que ayudar y de paso ayudar a todo aquel que pueda, aprovechando el moverse constantemente para evitar a cuaquiera que sepa de su pasado.